También se encontraron cañones, municiones y otros objetos de la etapa colonial española.

Fuente: https://diariodecuba.com/cuba/1703606650_51834.html

Un equipo investigadores descubrió una suerte de «cementerio submarino» a los pies del Castillo del Morro San Pedro de la Roca, a la entrada de la bahía de Santiago de Cuba, reportó el periódico oficial de esa provincia, Sierra Maestra.

El hallazgo fue realizado por el Centro Regional de Gestión y Manejo del Patrimonio Natural y Cultural Subacuático (CUBASUB), con sede en Santiago de Cuba, y que encabeza el doctor en Ciencias Jesús Vicente González Díaz.

El descubrimiento está ubicado a unos diez metros de profundidad, en la zona este de la también conocida como «Boca del Morro», donde se une el mar con los terrenos del castillo (declarado por la UNESCO patrimonio de la humanidad hace 26 años).

En el peculiar camposanto sumergido reposan decenas de ánforas, lanzadas allí con las cenizas de difuntos, o luego de esparcir estas sobre las olas. Ello se realizaba para cumplir la última voluntad de quienes previamente habían pedido «su reposo eterno» en el fondo marino.

Junto a las ánforas aparecieron además cañones de la etapa colonial española; lo que fueron cajas, que conservan su forma, con balas de piezas de artillería; y otros implementos de guerra. Estas piezas se hallaron luego de estar sumergidas durante al menos un siglo.

El equipo de CUBASUB no buscaba el vestigio de armas, y mucho menos un cementerio bajo el agua, sino que lleva adelante una labor de prospección relacionada con un cable submarino que permitía las comunicaciones de la ciudad en el siglo XIX.

Sobre las causas de la concentración de objetos encontrados, Sierra Maestra describe un pescante (dispositivo para izar o arriar pesos a bordo de un barco) que se encontraba entre el castillo y el mar. Ese pescante se proyectaba desde tierra varios metros sobre el mar y con él los militares españoles apostados en el castillo extraían o embarcaban avituallamiento de las naves. «En esos trajines estarían los hispanos cuando por accidente algún que otro cañón o cajas con balas para estos, u otras pertenencias españolas, fueron a dar al fondo del mar», detalló el reporte.

Para explicar el «cementerio» se apela a las «condiciones excepcionales para la meditación» que conserva ese paraje. Además, como se conservó el camino que bordea el castillo desde el mar, dolientes de algunos difuntos han optado por ir al lugar durante años para desde allí lanzar las ánforas con las cenizas de sus muertos.

Los descubridores de CUBASUB llegaron al sitio mientras buscaban en el fondo marino detalles sobre el llamado «cable inglés», que para finales del siglo XIX era lo más novedoso en comunicaciones. Dicho cable era gestionado por la entidad británica «The Cuba Submarine Telegraph Company LTD», llegada a Cuba en la segunda mitad del siglo. Esa compañía tendió un cable desde Batabanó hasta Cienfuegos, y de ahí hasta Manzanillo. Otro cable se extendía desde la Perla del Sur hasta Santiago de Cuba. Esta ciudad estaba conectada también con Haití y Jamaica.

Cuando la Guerra Hispano-cubana-estadounidense de 1898, la marina de EEUU cortó el cable, pero luego fue restituido y, aunque con equipamiento obsoleto, se mantuvo en funcionamiento hasta 1975.

En cuanto al descubrimiento en sí, el doctor en Ciencias Jesús Vicente González Díaz precisó: «El castillo, que forma parte del sistema defensivo de la ciudad, ha sido muy bien estudiado en diferentes épocas y acompañan estas investigaciones: planos, mapas, grabados, fotos y todo tipo de documentación. Sin embargo, algunos temas salen al escenario patrimonial muchos años después».

El especialista describió de la siguiente forma el hallazgo: «Entre vetustos cañones colmados de concreciones, ruedas de cureñas (carros para piezas de artillería), balas y disímiles herrajes, hay una impresionante cantidad de ánforas mortuorias en diferentes estados de conservación, ngangas (recipiente ceremonial de la religión yoruba) con ofrendas, botellas de ron, restos de altares y cualquier diversidad de ofrendas diseminadas por el batir del mar».