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José Bou y Antoine Ferrer eran sólo dos buceadores deportivos del Club Náutico de Villajoyosa (Alicante) cuando a finales de 1999 una inmersión dio un resultado inesperado. Habían encontrado el pecio romano que después llevaría su nombre: el Bou Ferrer, el mayor barco romano en excavación del Mediterráneo.Considerado desde septiembre de este año Bien de Interés Cultural, es una gran nave mercante romana que naufragó a mediados del siglo I d.C en las costas de la antigua Allón (Villajoyosa, Alicante).

Restauración de uno de los lingotes. MAN

Restauración de uno de los lingotes. MAN

El Museo Arqueológico Nacional exhibe desde hoy un lingote de plomo del pecio Bou Ferrer. El lingote lleva está marcado con IMP[erator], GER[manicus], AVG[ustus], “acronismos que hacen referencia a un emperador con título de germánico. Esto acota el número de personajes a los que podemos asociarlo”, explica el arqueólogo responsable de la investigación, Carles de Juan.

Pero el descubrimiento del pecio ocurre en 1999 cuando Bou y Ferrer, aficionados a buscar barcos pesqueros perdidos en la zona se encontraban en la búsqueda de La Barqueta, una embarcación hundida intencionadamente cerca del puerto, su suerte cambió con un soplo de aire. Guiados por las coordenadas estudiadas y encontrándose en el punto exacto para fondear, un fuerte viento los trasladó a 20 metros de donde estaban. En un intento fallido de levar el ancla, hallaron aquello que impedía su propósito: un ánfora romana.

Tras informar al Museo de Villajoyosa y al Centro de Arqueología Subacuática de la Comunidad Valenciana, Bou y Ferrer acudieron al enclave con el arqueólogo Carles de Juan. Pronto comprobaron que el yacimiento no se hallaba en el mismo estado que cuando ellos lo descubrieron. En los meses anteriores un gran número de ánforas habían desaparecido a manos de los buceadores furtivos; y en mayo de 2001 se inició un proyecto para colocar una estructura que protegiese las ánforas y frenar así el expolio del yacimiento.

“Ahora podemos decir que es un gran barco en perfecto estado de conservaciónpero en aquellos momentos existían muchísimas dudas por parte de todos después de la acción de los clandestinos”, asegura el arqueólogo. En las excavaciones de 2007 descubrieron que “se conservaban tres pisos de ánforas y que su contenido no era un sólido”.

Una delicatessen gastronómica para los romanos. “Las ánforas estaban impermeabilizadas con resina y contenían una salsa de pescado“, asegura de Juan. Un hallazgo revelador que cambia por completo la visión del cargamento. “No era un alimento para ‘la plebe’ de Roma”, insiste. La extracción de los lingotes vuelve a dar una vuelta de tuerca en la investigación del yacimiento: “Superan el estándar romano”, asegura Carles de Juan, pues con 205 libras romanas (68 kilos) “pesan casi el doble de lo habitual y las marcas estarían realizadas por un funcionario de alto rango”.

Con una duración de, aproximadamente, tres semanas, la última excavación submarina en el pecio finalizó el pasado 15 de noviembre. En ella participó un equipo integrado por arqueólogos y técnicos de tres instituciones que han trabajado conjuntamente: la Generalitat Valenciana, la Universidad de Alicante y el Museo de Villajoyosa. El hallazgo del costado permite comprobar el buen estado de conservación del barco y los valores de algunas las cuadernas muestran que la nave podría superar los 30 metros de eslora.

Fuente: http://www.elmundo.es/cultura/2015/11/27/5657433b46163fe13c8b4642.html