Publicado por Javier Noriega
“Sería imposible encontrar un paso adecuado, al menos hasta que las generaciones futuras avancen en sus conocimientos de la técnica”.
James Cook en relación al descubrimiento del paso del noroeste
La inspección técnica Noruega, que respondía al interés de poder salvar al naufragio del olvido, concluyó que el casco de madera de la nave estaba en condiciones óptimas y podía ser levantado finalmente del sarcófago de hielo en el que había estado atrapado durante los últimos decenios. El informe llegaba a una clara conclusión; el estado de conservación de la estructura de su arquitectura naval era excepcional. Pero no todo eran buenas noticias. Si no se intervenía urgentemente sobre el pecio, este corría peligro de ser destruido y desaparecer en breve. En diez años era posible que no se pudiese salvar el naufragio, debido al daño progresivo al que se estaba sometiendo su estructura en las condiciones actuales, acostado como una criatura agonizante en aquella enorme banquisa de hielo y nieve en un lugar prácticamente desconocido del ártico. Aquella nave legendaria, la que formó parte del sueño de Admunsen para el reto histórico de explorar el polo norte, podría salvarse de la destrucción segura del futuro y del olvido del presente. Para ello, en 1995 y 1996 se llevó a cabo una detallada inspección profesional del naufragio por el arqueólogo James Delgado. Las conclusiones confirmaban que el naufragio tiene importancia internacional como patrimonio cultural, dado su legado y su excepcional estado de conservación y que se trataba de un legado histórico de especial interés para Noruega y la cultura escandinava en relación a las exploraciones árticas. Su historia estaba ligada íntimamente a una cuestión bien clara; la edad dorada de los exploradores geográficos polares. Una historia que merece ser narrada con la altura que se merece. Sólo había que ponerse manos a la obra. Y se pusieron.Vencer a toda costa al olvido
Durante una buena parte del siglo XIX el barco más famoso del mundo era noruego y estaba diseñado para la ciencia y para la paz, se trataba del Fram, en Noruego “adelante’”. Diseñado y construido de un modo muy particular para navegar en condiciones extremas entre las olas, el hielo y las estrellas. El resultado era un navío completamente innovador y espectacular para su época. El explorador noruego Fridjof Nansen encargó el proyecto en 1892 al diseñador de origen escocés radicado en Noruega, Colin Archer. Este genio de la ingeniería naval tenía un objetivo; conseguir que el buque que iban a crear navegase más al norte de lo que nadie había navegado jamás, y posiblemente de usarlo como punto de partida para alcanzar el polo norte.
Inspirado por su compatriota Nansen, Amundsen no tardó en adoptar la táctica y la estrategia, su metodología y todo su Know How. Suele suceder, los soñadores suelen tener siempre una inspiración. El caso de Nansen es muy curioso, un hombre excepcional que no pasaría a la historia por ser todo un Premio Nobel de la Paz por su trabajo en favor de las víctimas de la Primera Guerra Mundial, sino precisamente por sus esfuerzos en relación a las aventuras de exploración árticas. Por su carismático orden aventurero, su ingente esfuerzo en esto de las exploraciones y aventuras polares, la valentía en ocasiones tiene merecido premio. La búsqueda del polo Norte magnético, un punto
separado del geográfico, fue una excusa excelente para encontrar apoyos para su próxima expedición: el Paso del Noroeste, un paso que es paradigma estratégico en la actualidad y que en su momento fue objeto de una carrera de descubrimiento por parte de las naciones más avanzadas de su época. Una antigua cuestión, por otro lado pendiente de resolver. Que se lo digan a Esp
Los derechos territoriales españoles sobre Alaska y la costa oeste de Norteamérica databan de la bula papal de 1493 y del Tratado de Tordesillas, que asignaron a España todo el territorio de América tras su descubrimiento. El rey Carlos III de España envió una serie de expediciones a las costas de las actual Canadá y Alaska, entre 1774 y 1793, para defender sus intereses, verificar la posible salida o
entrada del mítico paso del noroeste y contener la colonización ilegal de británicos y rusos sobre aquellas tierras. Al fin y al cabo se trataba de hegemonía y poder, buena parte del espíritu que alimentaba la gloria con la que estos aventureros inflamaban sus sueños
. Luego vendría el honor y esas cosas, siempre de la mano de un poder bien interesado en alzar a sus héroes, sobre todo con un marco inigualable como es el de las banquisas de hielo, las tormentas de nieve y la muerte de muchos de los expedicionarios que intentaban retar aquellos infernales límites de la supervivencia humana. Que se lo digan al enorme revuelo que se montó en 1775, cuando el ballenero Herald encontró el Octavius a la deriva cerca de Groelandia, con los cuerpos de la tripulación sin vida congelados bajo cubierta. Menuda historia la del Octavius, quepudo haber sido el primer velero occidental en hacer el Paso, aunque el hecho de que le llevara 13 años hacerlo y que falleciera toda la tripulación poco después…En aquella época de la historia, el primer avistamiento o descubrimiento de un territorio, con sus correspondientes actos de soberanía, daban titularidad a una nación sobre un territorio, o legitimidad para reclamarlo como propio ante otras naciones. En los siglos precedentes, diferentes marinos exploraron las gélidas e inhóspitas aguas del norte, muchos de ellos acababan siempre derrotados por el frío extremo y los vientos contrarios. Frobisher, da nombre a una de las habías más gélidas que podamos conocer de por aquellas latitudes. Curiosamente bueno de Frobisher, el que enfurecido gritaba a Drake por entretenerse en cuestión de botines en pleno enfrentamiento con la Gran Armada allá en el canal de la mancha, cuando se enfrentaba a los hispanos en 1588. El mismo que calzaba y vestía, aunque esa es otra historia.
Durante un tiempo, la búsqueda de ese paso del Noroeste, por múltiples cuestiones, fue abandonada. Hasta que llegaron los suficientes adelantos tecnológicos, como recordaba Cook, para poder pretender abordar esta aventura.
Esta mítica singladura, la del paso del noroeste, ocasionalmente abierta entre los hielos árticos, era una posible ruta marítima que comunicaba el norte de los océanos Atlántico y Pacífico por el norte del continente americano, ahorrando miles de kilómetros a la navegación mundial y siendo un hito geográfico de importantes consecuencias para la exploración. Y los Noruegos daban un paso decidido para abordar dicho reto.
La aventura del paso del Noroeste, la expedición del Maud
La aventura del Maud se desarrolló en plena “edad heróica” de la exploración. Ayudados por el hálito de ese siglo XIX plenamente romántico y empujados por conocer los últimos espacios en blanco de los mapas terrestres, esta que nos lleva a los confines del mundo, donde las temperaturas en ocasiones caen a decenas de grado bajo cero y donde las vidas se cortan en el filo de una navaja, surge el interés de conocer la vía que une los océanos por el temible paso del noroeste. Un gran propósito, atravesar el Océano Ártico, para conectar los estrechos de Davis y Bering. Una idea descabellada que que discurría por un conjunto de cabos y estrechos inhóspitos localizados en elarchipiélago ártico canadiense, entre las grandes islas árticas y las tierras continentales. Una ruta necesaria para reclamar derechos, para abrir nuevas rutas comerciales y al fin al cabo para ejercer soberanía sobre tierras que en ocasiones son hielo. Una misión de un reto tal, que finalmente llevaría a cabo en 1918 a bordo del navío de construcción propia Maud, que a su vez se basaba en la experiencia previa de la conquista del polo sur y de su periplo con el Gjoa, un pequeño ballenero con el que el explorador Noruego saltaba a los confines del mundo, para entre otras cosas, dar esquinazo a las deudas económicas y financieras que le perseguían en su vida cotidiana de urbe y adoquín portuario.
más posible al Polo Norte. La expedición contaba con una importante ambición científica que sería liderada por Harald Ulrik Sverdrup, todo un respaldo técnico para la aventura.
Un buque llamado a hacer historia
sar a la historia, junto a los barcos protagonistas de sus exploraciones y lejanas hazañas. Es ejemplar que los otros buques utilizados en las exploraciones polares de Amundsen, Gjøa y Fram , se han conservado en el Museo Marítimo Noruego de cara a enseñar en el presente y en el futuro su legado naval y marítimo, las raíces de su estado y su cultura. Con estos precedentes, tienen una magnífica base de cara al futuro cultural de su país.”Tiene mucho que decir a la hora el Maud a la hora de maniobrar en aguas poco profundas”, escribió. El Polo Norte había sido reclamado públicamente en 1908 y la expedición Maud tendría un claro perfil científico. Amundsen estaba orgulloso del diseño de aquella nave. Las fotografías de los Reyes estaban colgadas de la pared del salón principal. El suelo estaba cubierto de alfombras de linóleo y fibra de coco. Los ojos de buey de bronce, unas joyas torneadas en talleres navales estaban configurados con vidrio doble para el aislamiento. Todo estaba pensado al milímetro. Las lámparas se colgaban debajo de las claraboyas para dar una buena luz durante el período más oscuro. Todo aquello seria la arqueología sumergida de la vieja “maud”.
Una fotografía del pasado. El naufragio
A principios del siglo XX, cuando obtenemos las fotografías en sepia o blanco y negro de estos grandes exploradores, quedaban pocos retos para el ser humano en cuanto a la geografía, exploración y conquista de nuestro planeta tierra. Curiosamente las ambiciones mundiales de exploración se fijaban en los dos Polos. Aún era posible disfrutar del sabor de la aventura y recientes noticias nos hablan del descubrimiento de cataratas y nuevas fronteras. Ya por entonces se conocía casi todo lo que había que conocer sobre el Continente Americano, sobre Oceanía, África, Asia… por tanto, las naciones y sus instituciones buscaban nuevas ambiciones, nuevas metas. Había que conquistar el Polo Norte y el Polo Sur. Y en el norte estaba el “Maud” dando bandazos de un lado a otro, intentando conquistar el mar de hielo.86 años más tarde vuelve a puerto.
“Ella vino, lentamente, con gracia, al igual que lo haría una reina”, comunicaba el gerente del proyecto, Jan Wanggaard a los medios preocupados y ocupados por el rescate del Maud. Comparaba los primeros movimientos del naufragio, reflotado y con el casco de madera en buen estado, en superficie.“


