Expertos aprovechan la presentación de un posible hallazgo de un eremitorio en el embalse de Buendía, entre Cuenca y Guadalajara, para sensibilizar sobre este patrimonio

 M. R. 27/05/2017

Imagen de la presentación de ayer en la sala Polisón del Teatro Principal. – ISRAEL L. MURILLO

Cuando se habla de arqueología subacuática se tiende a pensar casi de forma exclusiva en los pecios de los fondos marinos y en los tesoros que albergan en su interior.Pero la arqueología subacuática es mucho más, como ayer demostraron los ponentes invitados por el Delfín Club Burgos, dentro de las actividades organizadas para celebrar el 15 aniversario de la asociación.

El acto sirvió para dar a conocer un hallazgo que, a la espera de que esté plenamente confirmado, como señala Rocío Castillo, arqueóloga subacuática del Museo Nacional de Arqueología Subacuática, servirá para poner de relieve de nuevo los grandes descubrimientos que hay y puede haber en los fondos de ríos y lagos. La presentación de ayer se centra en la documentación de un posible eremitorio sumergido en el embalse de Buendía, situado entre las provincias de Cuenca y Guadalajara
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Junto a Castillo también participaron en la presentación Rogelio de la vega, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid y especialista en sistemas de información geográfica, Elena Labrandero, ingeniera de minas, buceadora y fotógrafa subacuática y Ángel Tobar, ingeniero de minas, buceador y fotógrafo subacuático.

Con la cautela propia de los investigadores, Castillo insistía ayer en que «todo apunta» a que se trata de un importante hallazgo.Pero lo que de verdad resalta esta arqueóloga es que se ha llegado a iniciar este proyecto de investigación gracias a «un hallazgo casual».El que hizo un grupo de buceadores, entre ellos el burgalés Ángel Tobar, cuando estaba buceando por la zona. Y lo que también es muy importante, que nada más dar con los restos se pusieron en contacto con el Museo Nacional de Arqueología Subacuática, organismo dependiente del Ministerio de Educación, Cultura yDeporte que dedica buena parte de sus esfuerzos a preservar todo el patrimonio cultural subacuático. El Museo, a su vez, se puso en contacto con el Gobierno de Castilla LaMancha y«empezó una comprobación y de ahí ha salido un proyecto de investigación».

Obviamente, el inicio de un proyecto de investigación es importante, pero en la presentación de ayer lo que se quiso poner de relieve es la importancia de la sensibilización, que «cuando se encuentre un yacimiento que lo comunique». Y, sobre todo, que no toque nada.Las buenas intenciones que puede haber detrás del traslado de una pieza a un museo o a otro lugar para su catalogación o protección puede pueden arruinar un hallazgo.

«Todo tiene valor en su contexto, siempre lo comparo con la escena de un crimen, si vas como profano y coges un cuchillo y se lo das a la policía ya no tiene valor esa pista», explica Castillo.

En el caso del hallazgo del embalse de Buendía, inaugurado en el año 1958, está pasando como en muchos lugares de España, donde la sequía está reduciendo el nivel de los embalses y salen a la superficie municipios de los muchos que se quedaron bajo el agua. Es el caso de Santa María de Poyos. Cuando se pusieron en marcha los embalses,

«los yacimientos importantes sí se trasladaban, pero otros se quedaban bajo el agua». Por eso, esta experta reivindica el cuidado del patrimonio cultural de los ríos y lagos. A la vez lamenta que en este ámbito la sensibilización no haya avanzado tanto como la medioambiental. E insiste en que «no todos son barcos hundidos y pecios en el mar».

Fuente: http://www.elcorreodeburgos.com/noticias/burgos/tesoros-esconde-agua-dulce_152075.html

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