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El litoral gaditano guarda más de 1.200 naufragios, 81 de ellos ya constatados.

Quizás por la memoria filmográfica, siempre que se piensa en arqueología surge la imagen de una persona con sombrero (normalmente lleno de polvo) que vive multitud de aventuras, resuelve misterios y encuentra tesoros jamás imaginado. Si se le suma la búsqueda de pecios hundidos, aparecen piratas, lingotes de oro, joyas, grandes mercancías.

Unos buzos trabajan en la localización de indicios bajo el lecho marino

Unos buzos trabajan en la localización de indicios bajo el lecho marino

Pocos son los que recaen en la verdadera importancia que tienen estos descubrimientos: permitir conocer cómo era la sociedad de una época. Es en lo que realmente se centra un arqueólogo y esta premisa es la que mueve el trabajo del Centro de Arqueología Subacuática de Cádiz.

«La historia de Cádiz se encuentra bajo el lecho marino. No se trata solo de recuperar lo material sino precisamente de desentrañar la historia, de recoger toda esa valiosa información para conocer los pormenores de una sociedad. Lo interesante de los objetos es la información. Qué era valioso y por qué, qué cargaban, qué vestían, cómo construían los barcos, qué utilizaban para enfrentarse a las amenazas, incluso los medios. Todos los objetos nos permiten describir el contexto de una época, la importancia de una zona, su comercio, la preocupación de las personas en un determinado momento».

Carmen García es la directora del Centro de Arqueología Subacuática (CAS), la institución que se encarga de determinar las posibles zonas de protección ante la posibilidad de que existan pecios, localizarlos, analizarlos, estudiarlos, catalogarlos y recuperar lo que se pueda recuperar. Una tarea que no es sencilla, por el volumen de espacio que debe abarcar y porque hasta hace poco no se recaía en la importancia de esta materia, al cobijo de la arqueología terrestre.

Además, en multitud de ocasiones, han tenido que hacer su trabajo con las limitaciones y consecuencias del expolio y el impacto de los cazadores de tesoros, empeñados en ser aquella persona con sombrero que encuentra un preciado tesoro para la humanidad, sin darse cuenta (o sin importarle) de que precisamente borra las huellas que permiten entenderla. Y cuando no, toca batallar con el progreso, que se ha impuesto a la historia.

Es por ello que se precisa de una protección jurídica y actualmente el litoral gaditano cuenta con 56 zonas que se encuentran inscritas como Bien de Interés Cultural en el catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, al estar constatado la existencia de pecios hundidos, mientras que hay otras 42 zonas de servidumbre arqueológica, lo que quiere decir que aunque en ellas no hay constatación si existen indicios.

Y es que según la carta arqueológica que maneja este centro existen 81 navíos ya constatados bajo las aguas de Cádiz, mientras que hay información documentada de otros 1.200. Es la base sobre la que se organiza un trabajo que va más allá de la simple búsqueda de objetos, puesto que el estudio de cartas, archivos, registros, es lo que permite llegar a los barcos y completar la información de lo que se encuentra.

Y se estima que esta cantidad es una ínfima parte de lo que verdaderamente esconde el litoral gaditano, puesto que se considera que hay muchos más. Hay que tener en cuenta que Cádiz siempre ha sido un enclave importante tanto en época fenicia como romana, pero además contó con una importante actividad comercial en torno a 1.700 cuando albergó la Casa de Contrataciones, es decir, que se convirtió en el centro de gravedad del comercio con América, lo que multiplicó la entrada de barcos.

Unas embarcaciones con preciadas cargas que llegaban e iban y que eran buscados por los piratas, además de tener que hacer frente a los temporales y al resto de flotas de países enemigos. Todo ello junto a famosas batallas navales, como la de Trafalgar, y las rutas comerciales en las que se recogen el Golfo de Cádiz y el Estrecho de Gibraltar.

Diferentes proyectos

Actualmente el Centro de Arqueología Subacuática se encuentra inmerso en diferentes proyectos. Uno de los más llamativos es el estudio que se está realizando de los tres barcos que se han encontrado a lo largo de la obra de la nueva terminal de contenedores del puerto de Cádiz.

Dos de esos pecios se encuentran prácticamente catalogados, mientras se espera para comenzar el estudio del último de ellos, del que aún se desconoce hasta su época. Los otros dos son del siglo XVI y del XVII.

El primero destaca por su construcción ligera al estar pensado para navegar por el Mediterráneo y tener una función comercial. Precisamente entre los restos hallados se encontraron multitud de botijos llenos de aceitunas, así como barriles que portaban cochinillas, insecto utilizado para hacer un tinte muy preciado en la sociedad de aquella época y que podía llegar a costar como el oro.

El segundo es más robusto ya que se trata de un navío de índole militar del que se han podido sacar un total de 27 cañones además de 22 lingotes de plata. Los trabajos aún continúan y se espera que en los próximos meses se pueda centrar en el último de los pecios.

Precisamente esta zona era una de las catalogadas como de servidumbre arqueológica ante la existencia de indicios de embarcaciones hundidas. Esto permitió que se hiciera un trabajo conjunto a las obras de estudio y que por lo tanto se pudieran recuperar.

Por otro lado desde el centro se está articulando el proyecto Trafalgar, que se centra en los naufragios provocados por este enfrentamiento bélico. Curiosamente pocos se hunden en batalla, sino que la mayoría de naufragios fueron posteriores, durante el regreso de la flota al puerto de Cádiz.

De esta manera está localizado el ‘Fougueux’ en aguas de Camposoto, cercano a Sancti Petri. Fue el primero en abrir fuego durante la batalla, pero al ir a socorrer a otra embarcación fue finalmente asaltado. Abandonado ante los daños, sucumbió tras una tormenta. Según la historia de la tripulación de 500 hombres, tan solo 21 lograron llegar a la playa de Camposoto, siendo rescatados por un destacamento del Ejército de Tierra español. Las primeras prospecciones confirmaron que más de un cazador de tesoro ya se había hecho ilegalmente con algunas piezas.

Entre las recuperadas se encuentran objetos de la vida cotidiana del barco como monedas, piezas de dominó hechas de huesos o incluso una ‘llave de chispa’, un artilugio de bronce con el que se encendía la mecha de los cañones en sustitución de las antorchas con las que se corría mayor riesgo de producir un incendio.

Otro es el ‘Bucentaure‘ que capitaneaba el almirante Villeneuve, vicealmirante de la flota francesa, y desde el que se daban las órdenes a toda la flota combinada. Este navío de 80 cañones se hundió frente al gaditano Castillo de San Sebastián. Unos 500 hombres fueron rescatados por el’Indomptable‘ que consigue llegar hasta la Bahía. Pero esa noche una tormenta rompió la cadena del ancla del siendo arrastrado hasta las rocas de la costa de Cádiz donde naufragó. Estimaciones actuales calculan entre1.000 y 1.400 las personas que se encontraban a bordo en el momento del naufragio incluyendo los 500 marineros rescatados del ‘Bucentaure’. Solamente sobrevivieron alrededor de 150 hombres que llegaron a las playas de El Puerto.

El centro también ha llegado a un acuerdo con la Universidad de Cádiz para realizar proyectos sobre el patrimonio marítimo dentro del Ceimar (Campus de Excelencia Internacional del Mar) y espera poder conseguir financiación, a través del Plan Nacional de Protección del Patrimonio Subacuático, para hacer un mapa arqueológico de La Caleta, zona en la que se encuentran varias evidencias de hundimientos.

Todo ello a la espera de desentrañar nuevos misterios como el del Reina Regente, visto por última vez en las proximidades de Bolonia.

Fuente:http://www.lavozdigital.es/san-fernando/201509/20/historia-cadiz-20150920131104-pr.html